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Dolor en la espalda y el abdomen: ¿cuáles son sus causas?

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El dolor en la espalda y el abdomen suele indicar un proceso inflamatorio o irritativo de los tejidos de la zona, por lo que el tratamiento oportuno es fundamental.
Dolor en la espalda y el abdomen: ¿cuáles son sus causas?
Leonardo Biolatto

Revisado y aprobado por el médico Leonardo Biolatto

Última actualización: 10 julio, 2023

El dolor en la espalda y el abdomen puede ser originado por una gran variedad de afecciones. Por lo general, suele indicar que algo no va bien en los tejidos blandos, la musculatura y los órganos subyacentes. A continuación, te contamos algunas de las causas más comunes de este síntoma.

Las molestias en la espalda tienden a ser producidas por procesos inflamatorios. Los trastornos de la columna por desgaste, así como la mala postura al sentarse o dormir son otra causa común. Además, las enfermedades renales y respiratorias también producen malestar a este nivel.

Sin embargo, cuando el dolor de espalda está asociado con molestias en el abdomen, se deben sospechar afecciones viscerales. ¿Deseas saber cuáles son las principales causas de este tipo de dolor? ¡Sigue leyendo!

9 causas de dolor en la espalda y el abdomen

El dolor de espalda que se irradia al abdomen puede iniciar de forma brusca o progresiva según la gravedad del trastorno. Las estructuras afectadas pueden incluir a los riñones, el intestino, la columna, el páncreas y la vesícula biliar.

1. Cálculos renales

Los cálculos renales, también denominados litiasis renal o nefrolitiasis, son pequeñas piedras o cristales formados por sales y minerales que se depositan en el interior de los riñones o las vías urinarias. No generan síntomas hasta que comienza su descenso.

Estos cálculos pueden obstaculizar el paso de orina del riñón a los uréteres, aumentando la presión renal y produciendo dolor, tanto en la espalda baja como en los costados del abdomen. También generan molestias en la medida que descienden y lesionan el interior de las vías urinarias.

Estudios describen la litiasis renal como un cólico intenso que se puede presentar como dolor abdominal, lumbar o inguinal. De igual forma, la persona puede presentar dificultad para la micción, sangre en la orina y aumento de la frecuencia urinaria.

En caso de sospechar esta enfermedad se debe buscar atención médica de inmediato. El tratamiento se basa en el uso de medicamentos para destruir y eliminar el cálculo, e incluso la extracción quirúrgica en litiasis severas.

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Los cálculos son piedras de diferente tamaño que se alojan dentro de los órganos.

2. Gases intestinales

Los gases son productos normales del metabolismo intestinal y de la fermentación de los alimentos. Sin embargo, su producción excesiva y acumulación pueden originar molestias.

Por lo general, el dolor es difuso y se presenta como punzadas y cólicos en el abdomen que se irradian a la espalda. Además, las personas afectadas también pueden presentar flatulencias, náuseas, arcadas, acidez e indigestión.

En la mayoría de los casos, el malestar desaparece luego de un par de horas. De igual manera, es recomendable elaborar comidas ligeras, consumir frutas e ingerir abundante agua. Si la molestia no desaparece o incrementa su intensidad se debe consultar con un profesional de la salud.

3. Afecciones en la columna vertebral

Las patologías de la columna suelen originar dolor continuo en la espalda, irradiado a los laterales del abdomen. La irradiación ocurre de esta forma debido a que un mismo nervio puede ser el encargado de inervar múltiples zonas en ambas regiones.

La osteoartritis o artrosis de la columna es la principal causa de este malestar. Se caracteriza por el desgaste del cartílago de los discos intervertebrales, lo que general dolor y otras anomalías. La afección puede ser resultado de un trastorno hereditario, de la menopausia o del envejecimiento.

La mala postura al sentarse, caminar o dormir también pueden ser responsables de dolor en el dorso. En estos casos, las vértebras adoptan posiciones anormales que lesionan su estructura y degeneran a los tejidos vecinos. La persona afectada suele referir dolor en el cuello y la espalda.

Los problemas de la columna deben ser evaluados por un reumatólogo o un traumatólogo. Por lo general, se suele indicar una radiografía para identificar la causa de la molestia. El plan terapéutico incluye el uso de medicamentos antiinflamatorios y analgésicos, así como sesiones de fisioterapia.

4. Fracturas vertebrales

En la mayoría de los casos, las fracturas de los cuerpos vertebrales ocurren luego de un traumatismo por accidente vial o una caída de altura. De igual manera, las personas con osteoporosis o cáncer óseo son más susceptibles a presentar este tipo de lesiones.

El malestar suele ser continuo, intenso e incapacitante. En este sentido, la persona afectada puede referir un dolor muy fuerte que lo atraviesa desde la espalda hasta el abdomen. Además, el mismo no se alivia con el reposo o con los analgésicos comunes.

Como lo sugiere un documento de la Sociedad Española de Medicina Interna, la fractura vertebral puede generar un síndrome iliocostal. Esta afección se caracteriza por dolor en la parte baja del abdomen, debido al contacto de las costillas con el hueso iliaco.

En caso de sospechar de una fractura se debe buscar atención médica urgente. El tratamiento suele incluir el abordaje quirúrgico y medios externos para realinear y fijar los cuerpos vertebrales. La recuperación es lenta.

5. Enfermedades intestinales

Los trastornos intestinales irritativos e inflamatorios son responsables de producir malestar abdominal difuso. De igual forma, las afecciones del intestino grueso pueden originar dolor en los laterales del abdomen y en la espalda. La enfermedad intestinal inflamatoria (EII) es una de las causas más frecuentes.

El malestar abdominal se acompaña de otros síntomas como náuseas, acidez, reflujo, estreñimiento o diarrea. El dolor puede estar presente en la mitad de las personas con EII y estudios sugieren que la relajación, el cambio cognitivo y las adaptaciones en la dieta ayudan a aliviarlo.

Por si fuera poco, existe evidencia que la EII posee manifestaciones extraintestinales, algunas de las cuales pueden afectar la columna y generar dolor. De hecho, una publicación de StatPearls sugiere que hasta el 10 % de las personas con EII padecen espondilitis anquilosante.

Los especialistas en gastroenterología están capacitados para identificar y tratar este tipo de problemas. El plan terapéutico suele incluir cambios en la dieta y el uso de medicamentos para aliviar los síntomas.

6. Pancreatitis

La pancreatitis es la inflamación del páncreas con la consiguiente alteración de su funcionamiento. Esta puede ser aguda o crónica, dependiendo de la duración de la inflamación y los cambios en el órgano.

El dolor inicia en la parte alta del abdomen y se irradia en cinturón por los laterales hasta la espalda, como lo sugieren algunos estudios. También es posible evidenciar náuseas, vómitos, indigestión y grasa en las heces por la disminución en las enzimas pancreáticas.

Por lo general, la pancreatitis aguda suele remitir a la semana de haber iniciado el tratamiento. No obstante, la forma crónica implica un daño irreversible del páncreas y requiere cuidados paliativos de por vida.

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La inflamación del páncreas es grave. En su forma aguda suele requerir internación en terapia intensiva.

7. Problemas en la vesícula biliar

La colecistitis es la inflamación de la vesícula y, en la mayoría de los casos, es producida por la presencia de cálculos biliares. El dolor suele aparecer en la parte alta del abdomen y se extiende a la espalda, por lo que puede llegar a ser difícil de diferenciar de patologías musculares según estudios.

De igual manera, el malestar abdominal se acompaña de náuseas, vómitos, fiebre y distensión abdominal. El diagnóstico se basa en los hallazgos clínicos, siendo confirmado por ecografía y pruebas de sangre. La extracción quirúrgica de los cálculos biliares suele ser el tratamiento de elección.

8. Embarazo y sus complicaciones

Las molestias del embarazo también pueden causar dolor en el abdomen y en la espalda de forma simultánea. Las neuralgias intercostales son una causa común durante el primer trimestre, pues el crecimiento del útero comprime los nervios y genera el dolor.

Por su parte, las contracciones uterinas suelen ser las responsables de esta molestia en las últimas semanas. El organismo se prepara de forma paulatina para el parto, por lo que es común sentir contracciones a medida que se acerca el nacimiento.

Algunas de las complicaciones del embarazo también pueden ser responsables de causar dolor en la espalda y el abdomen. Una publicación de American Pregnancy Association sugiere que el aborto, las infecciones urinarias y el desprendimiento de placenta pueden ser los responsables.

Por ello, resulta fundamental que las mujeres embarazadas estén atentas a este síntoma. Lo ideal sería buscar atención médica en caso de dolores intensos que se asocien a otros síntomas, como sangrado vaginal.

9. Pielonefritis

La pielonefritis no es más que la principal manifestación de una infección urinaria alta. Se produce debido a que el microorganismo invasor alcanza el parénquima renal, impidiendo el correcto funcionamiento del órgano.

Una investigación publicada en la revista American Family Physician sugiere que siempre se debe sospechar de pielonefritis en caso de presentar dolor en el flanco abdominal y evidencia de infección. Otro de los hallazgos típicos es dolor lumbar ante una maniobra llamada puño-percusión.

El tratamiento de esta afección dependerá del microorganismo causante. Por lo general, una terapia con antibióticos suele ser efectiva.

¿Cuándo buscar atención médica ante el dolor en la espalda y el abdomen?

El dolor en la espalda y el abdomen puede ser resultado de una amplia variedad de enfermedades. Sin embargo, la mayoría de las afecciones responsables pueden ser solucionadas mediante tratamiento médico. En este sentido, la asistencia temprana con un profesional de la salud determina una recuperación más rápida.

También es vital buscar atención urgente en caso de que el dolor sea incapacitante, aumente de intensidad y persista por varios días. Por otro lado, las molestias posteriores a un accidente deben ser valoradas de forma inmediata. Los signos de alarma incluyen dificultad para respirar, hormigueo en las extremidades y pérdida de la consciencia.


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