¿Gafas de sol en invierno? Tus ojos lo agradecerán (aprende a elegir las correctas)

Muchas personas guardan las gafas de sol cuando termina el verano, como si el frío también apagara la radiación ultravioleta. Pero el sol sigue ahí, incluso en los días nublados. Aunque no sientas calor, tus ojos continúan recibiendo rayos UV que pueden causar molestias inmediatas y daños acumulativos con el paso del tiempo.
En los meses fríos, además, el sol se sitúa más cerca del horizonte, lo que aumenta el deslumbramiento. Si a eso le sumas superficies que reflejan la luz, como el asfalto mojado o la nieve, el impacto es mayor. Te compartimos por qué conviene usar gafas de sol en invierno y cómo elegir las mejores.
¿Por qué el sol de invierno también daña tus ojos?
En invierno nos preocupamos por los abrigos y los resfriados, pero rara vez en los ojos. Sin embargo, estos siguen expuestos a los rayos UVA y UVB, que no desaparecen con el frío y cuya acción dañina se acumula con los años.
Esa exposición puede provocar escozor, lagrimeo, irritación ocular, sensibilidad a la luz, y en casos intensos, incluso queratitis. Si en un día claro de invierno te cuesta mantener la mirada abierta, es una señal, tus ojos también necesitan protección en esta época del año.
Qué mirar en la etiqueta: no compres solo lentes oscuras
A la hora de elegir gafas de sol en invierno, el error más común es fijarse en el color de la lente. Pero que sean oscuras no significa que protejan mejor. Si quieres que realmente cuiden tus ojos, ten presente los siguientes detalles:
1. Protección UV400 o “100% protección UV”
Es lo más importante. Esta indicación garantiza que la lente bloquea por completo la radiación ultravioleta. Sin ello, aunque la lente sea muy oscura, tus ojos pueden seguir expuestos.
2. No te fíes solo del color
Comprar unas gafas de sol con lentes oscuras sin filtro UV puede ser incluso peor, porque la pupila se dilata al notar menos luz y deja pasar más radiación. La protección real siempre debe estar indicada en la etiqueta.
3. Marcado CE
El sello CE indica que las gafas cumplen la normativa europea de seguridad. Es la diferencia entre un accesorio puramente estético y un producto diseñado con controles de calidad.
4. Categoría del filtro (0–4)
Antes de fijarte en el color de la lente, busca el número de categoría del filtro (0–4). Este indica cuánta luz visible bloquean las gafas y qué tan cómodas serán para tus ojos según el entorno y la intensidad del sol.
- Categoría 0: apenas reduce la luz. Son lentes muy claras, pensadas más como complemento estético o para interiores.
- Categoría 1: filtran un poco más de luz, adecuadas para días nublados o con luminosidad suave.
- Categoría 2: reducen una cantidad moderada de luz. Funcionan bien en ciudad durante el invierno o en días soleados no muy intensos.
- Categoría 3: bloquean bastante luz y resultan cómodas cuando el sol es fuerte. Son una buena opción para conducir o pasar tiempo al aire libre.
- Categoría 4: ofrecen la máxima protección frente a la luz visible. Están pensadas para situaciones extremas, como alta montaña o nieve intensa, y no deben usarse al conducir.
Para el día a día en invierno, lo más habitual es optar por categoría 2 o 3. Pero más allá de escoger la lente más oscura, busca la más adecuada para tu entorno.
¿Cuándo compensa el polarizado?
El polarizado es un tipo de lente que reduce los reflejos que rebotan en superficies como el asfalto, el agua o la nieve. No aumenta la protección UV, pero sí mejora el confort visual al disminuir los destellos y hacer la visión más clara y descansada.
Es muy útil al conducir o en días con suelo mojado. No es imprescindible para todos, pero en entornos con mucho reflejo puede marcar la diferencia. Al final, la mejor elección es la que se adapta a tu rutina y a la luz a la que realmente te expones.
Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.







