Nuevas pautas de nutrición para la enfermedad renal crónica

Si padeces enfermedad renal crónica, has de saber que por medio de un manejo dietético se pueden aliviar mucho los síntomas. Te contamos las claves para conseguirlo.
Nuevas pautas de nutrición para la enfermedad renal crónica
Saúl Sánchez Arias

Escrito y verificado por el nutricionista Saúl Sánchez Arias.

Última actualización: 21 julio, 2022

Optimizar la nutrición en la enfermedad renal crónica es determinante para mejorar la calidad de vida de los pacientes y evitar así la progresión de la patología. En los últimos años, se ha experimentado un cambio de tendencia en cuanto al aporte nutricional que es bueno conocer, aunque siempre habrá que analizar cada caso por separado.

Una dieta adecuada puede servir para potenciar los efectos de la farmacología o para facilitar el estilo de vida que acompaña a muchas enfermedades crónicas. Con una pauta óptima se logrará alcanzar una situación de bienestar.

Proteínas en la enfermedad renal crónica

Uno de los nutrientes que se miran con lupa en el contexto de la enfermedad renal crónica es la proteína. Hasta hace muy poco tiempo se recomendaba una reducción significativa en el consumo de la misma para evitar la progresión de la patología y para disminuir la carga de trabajo de los riñones. Sin embargo, las tendencias actuales apuestan por la sustitución de parte de la proteína de origen animal por otra de origen vegetal.

De este modo, se puede prevenir el catabolismo proteico a nivel interno, algo que a mediano plazo se traduciría en sarcopenia. Esta patología es nociva para el organismo y suele empeorar el pronóstico de otras morbilidades. Para evitarla es determinante alcanzar los requerimientos de proteínas a lo largo del día, tal y como evidencia una investigación publicada en la revista BioMed Research International.

Es cierto que las proteínas de origen animal tienen un valor biológico superior y concentran todos los aminoácidos esenciales. No obstante, las vegetales presentan una digestión más sencilla, provocando menor carga de trabajo en riñones e hígado. Esto no sería relevante en el contexto de personas sanas, pero cuando existe patología en alguno de los órganos filtrantes, podría marcar la diferencia.

Riñones.
Los riñones tienen una función de filtro que puede afectarse cuando la carga de proteína de origen animal es elevada.

Optimización de la dieta para reducir la inflamación

Las personas que han desarrollado enfermedad renal crónica tienden a presentar unos niveles de inflamación sistémica aumentados. Esto provoca que otros sistemas comiencen a fallar en su funcionamiento, generándose comorbilidades.

De hecho, la prevalencia de diabetes de tipo 2 o de síndrome metabólico en estas personas es elevado. Para evitar dicha situación habrá que poner en marcha algunas estrategias dietéticas.

La primera de ellas consiste en aumentar el consumo de vegetales. Tanto las frutas como las verduras son fuente de fitoquímicos, elementos con una poderosa acción antioxidante y antiinflamatoria.

Son capaces de neutralizar la formación de los radicales libres y su posterior acumulación en los tejidos, lo que se asocia con una disminución en el riesgo de desarrollar otras patologías. Así lo confirma un estudio publicado en European Journal of Medicinal Chemistry.

En líneas generales, conviene priorizar la ingesta de verduras frente a la de frutas. Estas últimas cuentan en su interior con ciertos azúcares simples que podrían no resultar positivos si se consumen en grandes cantidades o si existen enfermedades de base. No quiere decir que no puedan aparecer en la pauta, sino que se debe dar mayor importancia a otros grupos de vegetales, como las crucíferas.



Cuidado con la acidosis metabólica

En el contexto de la enfermedad renal crónica se puede generar una situación conocida como acidosis metabólica, derivada de la incapacidad de los riñones de filtrar los productos de excreción y los metabolitos. Las probabilidades se incrementan cuando la pauta dietética cuenta con muchos comestibles de origen animal, ya que la síntesis de ácido aumenta, debido al azufre presente en aminoácidos como la metionina y la cisteína.

Por este motivo, será importante priorizar la ingesta de alimentos de origen vegetal en esta clase de situaciones, como ya habíamos comentado. No quiere decir que carnes, lácteos y huevos no puedan aparecer, sino que habrá que reducir su protagonismo.

De lo contrario, se podría desarrollar la acidosis con posterior pérdida de calcio a través de la orina. La consecuencia es la osteoporosis.



Contenido en fósforo y potasio de la dieta

Dos de los micronutrientes claves en el manejo de la enfermedad renal crónica son el fósforo y el potasio; sobre todo cuando se recibe diálisis. Siempre hubo tendencia a restringir su aporte en estos pacientes. Sin embargo, las investigaciones más recientes apuntan a que el fósforo y el potasio presentes en los comestibles de origen vegetal no son excesivamente biodisponibles, en parte por la presencia de fibra.

Esta última sustancia incrementa el volumen del bolo fecal y facilita la motilidad, pero también actúa como antinutriente. Por otra parte, se encarga de servir de sustrato energético para las bacterias que habitan en el tubo digestivo y que conforman la microbiota.

Esto último es positivo, ya que mantener densidad y diversidad de microorganismos en el intestino se ha asociado con un mejor estado de salud general.

Lo que parece claro es que la necesidad de fibra en la pauta de los pacientes con enfermedad renal crónica es otro motivo más para la inclusión de manera frecuente de los vegetales. A la par, conviene ejecutar análisis cada poco tiempo para comprobar que los niveles de nutrientes son los adecuados.

Verduras para los pacientes con insuficiencia renal.
El aumento de verduras parece ser la recomendación central de las nuevas pautas para los enfermos renales.

Optimizar la nutrición en la enfermedad renal crónica es posible

En la actualidad, se estima que un 9 % de la población mundial adulta padece enfermedad renal crónica. En este sentido, resulta fundamental conocer cómo optimizar la dieta para facilitar el manejo de la patología.

También para impedir la progresión de la misma. De lo contrario, se podría precisar de diálisis de manera regular o incluso los riñones dejarían de realizar sus funciones, lo que se considera de alto riesgo.

Esto no quita que haya que poner el foco también en otros hábitos de vida. Es importante prevenir el sobrepeso y la obesidad para evitar situaciones que agravarían más la inflamación en el medio interno.

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