Timidez en los niños: 6 consejos para ayudarlos a superarla

Si la timidez de tu hijo le causa sufrimiento o le hace perder importantes oportunidades, no lo pases por alto. Con estas claves podrás ayudarlo.
Timidez en los niños: 6 consejos para ayudarlos a superarla
Elena Sanz

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz.

Última actualización: 13 agosto, 2022

Si tu hijo se muestra tímido, es posible que estés preocupado por su bienestar presente y futuro. Tal vez temas que no logre hacer amigos, que sufra en los entornos sociales que encontrará a lo largo de la vida o que haya algo malo en él, que no sabes cómo arreglar. En realidad, la timidez en los niños es natural hasta cierto punto. Además, es posible intervenir para que no alcance cotas que limiten o causen malestar al menor.

Es importante tener esto en cuenta: la timidez no es una condena de por vida. Es cierto que cuenta con un considerable componente genético y hereditario que se manifiesta en el temperamento con el que el niño nace. No obstante, la crianza, el ambiente en el que crezca y las experiencias tempranas que viva pueden modular la presencia de este rasgo. Mira cómo podemos ayudar.

¿Qué consideramos timidez en los niños?

La timidez es la tendencia a retraerse y a sentirse incómodo en situaciones sociales novedosas o desconocidas. Suele relacionarse con el miedo al juicio de los demás, la propensión a no expresarse y a mantenerse en un segundo plano.

La persona tímida se siente insegura interactuando con desconocidos. Evita tomar la iniciativa, incluso cuando desearía un mayor contacto social.

Es común que presente inseguridad y baja autoestima y que esta tendencia le lleve a perder importantes oportunidades. Por esto, es posible que sea necesario intervenir.

Cabe mencionar que un cierto grado de timidez es normal y esperable en ciertas etapas de la vida. Los niños pueden, de manera natural, buscar la seguridad en sus padres o figuras de referencia cuando se enfrentan a entornos nuevos o desconocidos. Pero eventualmente, y a medida que crecen, van sintiéndose más confiados.

También es cierto que la timidez nos ayuda a ser más precavidos y reflexivos, evitando riesgos y tomando mejores decisiones en ciertas circunstancias. No obstante, cuando se presenta en grado excesivo, puede causar gran sufrimiento y entorpecer el desenvolvimiento escolar y social. Incluso, deriva en trastornos como la fobia social.

Claves para abordar la timidez en los niños

Si percibes que la timidez de tu hijo le está generando malestar o está interfiriendo en su vida diaria, estas son algunas pautas que puedes aplicar para ayudarlo.

Timidez extrema en un niño.
Cuando el grado de timidez es excesivo y se paralizan actividades que el niño debería realizar, entonces hay que ayudarlo.

1. No lo presiones, critiques o etiquetes

Si tú no eres una persona tímida, puede costarte comprender las reacciones de tu hijo. Sin embargo, es importante que no invalides ni minimices sus emociones.

No lo ridiculices por ser tímido ni lo presiones a cambiar a la fuerza. En primera instancia, necesita sentirte comprendido, aceptado y apoyado. Desde esta seguridad es que podrá realizar avances a su propio ritmo.

Por otro lado, evita asignarle la etiqueta de tímido, vergonzoso o solitario. Las palabras tienen más poder del que pensamos y esto solo hará que tu hijo se perciba cada vez más a sí mismo de esta forma. Se creerá y se meterá en su papel, volviéndose cada vez más reservado y temeroso.



2. Enseña y modela habilidades sociales

En ocasiones, la timidez es producto de una falta de habilidades sociales que hace que el niño no sepa desenvolverse con otros y sus interacciones sean desagradables. Por ello, puede ser positivo hacer énfasis en habilidades, como iniciar y mantener conversaciones, hacer cumplidos, realizar peticiones o decir “no”.

A algunos niños les cuesta más que a otros comprender e interiorizar estas normas, pero todo es cuestión de práctica. Al verte a ti (como su principal figura de referencia) interactuando con otros, podrá asumir ciertas ideas. Sin embargo, realizar dinámicas, como los juegos de roles, puede ayudar en este proceso de aprendizaje.

3. Ofrece oportunidades de socialización

Cuando un hijo es tímido, algunos padres tienden a sobreprotegerlo y evitan exponerlo a situaciones incómodas. Sin embargo, el pequeño necesita practicar y tener oportunidades para ganar confianza en sí mismo.

Por esto, es buena idea facilitar espacios en los que conviva con otros niños, más allá del colegio. Apuntarse a actividades extraescolares, acudir a campamentos o realizar talleres relacionados con sus aficiones pueden ser buenas alternativas.

Si al niño le causa mucho temor, podéis comenzar realizando actividades junto con otras familias o participando en clases para padres e hijos. Tu presencia le dará seguridad. A medida que vea que es capaz de lograrlo, ganará en confianza para afrontar nuevas oportunidades por su cuenta.

4. Fortalece su autoestima y confianza

La timidez tiene un gran componente de inseguridad, falta de confianza en uno mismo y miedo a que otros nos juzguen. Por esto es fundamental fomentar una autoestima sana y sólida, ayudando a tu hijo a identificar y valorar sus virtudes y a aceptar sus áreas de mejora.

La autoestima no solo consiste en recibir elogios y en pensar bien de uno mismo, sino también en ser capaces de ver aquello en lo que no somos tan buenos, sin mortificarnos por ello. Enseña a tu hijo a ver los errores como naturales y aceptables, como parte del proceso de aprendizaje, y liberarás gran parte de su presión.

5. Favorece un diálogo interno positivo

Al hilo de lo anterior, conviene saber que las personas tímidas suelen tener un severo crítico interno en su cabeza que les anticipa todo lo que puede salir mal, les narra a tiempo presente los errores que están cometiendo y les recuerda sus fallos pasados. Es este diálogo interior el que puede paralizarles.

Por lo mismo, una gran idea es enseñar a los niños a hablarse a sí mismos con amor, respeto y autocompasión, a ser sus mejores amigos y animadores. El objetivo es que a su mente lleguen, de forma automática, pensamientos como los siguientes:

  • “Lo has hecho muy bien, estoy orgulloso de ti”.
  • “Cometiste un error, pero no pasa nada, sigues siendo valioso”.
  • “Tú puedes conseguirlo, inténtalo”.

Para esto, esas palabras deben provenir primero de sus padres: son ellos quienes moldean el diálogo interno del niño.

Padre fomenta autoestima del hijo.
Los padres fomentan la autoestima del hijo. Son ellos los que aparecen como figuras modelo para el niño.


6. Propicia la expresión y la toma de decisiones

Por último, recordemos que la timidez en los niños hace que estos permanezcan en un segundo plano para no llamar la atención y no ser juzgados. Si queremos contrarrestar esta tendencia, podemos propiciar situaciones en las que el niño se exprese libremente y haga valer sus opiniones en un entorno seguro.

Conversaciones familiares, juegos de mesa, actividades creativas y artísticas… hay muchas opciones. Lo importante es animar al niño a participar, a hacer oír su voz y, por supuesto, escucharlo, tenerlo en cuenta y valorar sus aportaciones.

La timidez en los niños puede requerir ayuda profesional

En última instancia, si has aplicado las anteriores pautas y la timidez de tu hijo sigue siendo excesiva, no dudes en buscar ayuda profesional. Ten en cuenta que las experiencias sociales negativas o sufrir rechazo por parte de otros puede marcarnos a futuro.

Es importante abordar la situación cuanto antes. Un profesional podrá ayudar a tu hijo a adquirir las herramientas que necesita para superar su timidez.

Te podría interesar...
Qué es la timidez extrema y 5 consejos para superarla
Mejor con Salud
Leerlo en Mejor con Salud
Qué es la timidez extrema y 5 consejos para superarla

La timidez extrema impide que la persona pueda vincularse de modo funcional, por lo que cada vez se encierra más en sí misma.



  • Kagan, J. (1997). Temperament and the reactions to unfamiliarity. Child development68(1), 139-143.
  • Ordóñez-Ortega, A., Espinosa-Fernández, L., García-López, L. J., & Muela-Martínez, J. A. (2013). Inhibición conductual y su relación con los trastornos de ansiedad infantil. terapia psicolÓgica31(3), 355-362.