Trombosis arterial cerebral: qué es, causas, síntomas y tratamiento

La trombosis cerebral es una enfermedad muy delicada que demanda una atención inmediata. Entre más rápido se inicie el abordaje, mayores son las probabilidades de evitar daños graves.
Trombosis arterial cerebral: qué es, causas, síntomas y tratamiento
Leidy Mora Molina

Revisado y aprobado por la enfermera Leidy Mora Molina.

Escrito por Edith Sánchez

Última actualización: 06 agosto, 2022

La trombosis arterial cerebral es un problema de salud muy grave que puede dejar secuelas de por vida o, incluso, conducir a la muerte. Es muy importante aprender a reconocer sus síntomas, ya que la atención rápida es fundamental para limitar los daños.

En términos generales, la trombosis cerebral se produce cuando se forma un coágulo de sangre en alguna de las arterias del cerebro. Esto obstruye el paso de la sangre y hace que dejen de funcionar algunas neuronas. También es posible que se acompañe de una hemorragia cerebral.

A la afección también se le conoce con el nombre de accidente cerebrovascular trombótico o isquémico. Entre más grande sea la arteria afectada, más graves suelen ser las consecuencias de estos eventos.

¿Qué es la trombosis arterial cerebral?

La trombosis cerebral es una modalidad de accidente cerebrovascular (ACV) que tiene lugar cuando se forma un coágulo de sangre. Este obstruye una de las arterias del cerebro e impide que llegue el oxígeno y los nutrientes a una región de este órgano.

El bloqueo en el flujo de sangre conlleva la detención de la actividad eléctrica en una zona del cerebro. Si la obstrucción persiste, se producen grandes alteraciones en la membrana celular, lo que puede conducir a la muerte cerebral.

Se estima que la trombosis cerebral equivale al 50 % de los accidentes cerebrovasculares. Aunque es más común en las personas de mayor edad o con enfermedades de base, como arteriosclerosis o hipertensión arterial, lo cierto es que puede presentarse en jóvenes.



Causas de la trombosis arterial cerebral

La trombosis cerebral se considera una enfermedad de origen multifactorial. Todas aquellas condiciones que promuevan la degeneración de las paredes arteriales, la obstrucción de las arterias, la coagulación de la sangre o que reduzcan la vasodilatación, pueden dar origen a esta patología.

Algunas personas con ciertas condiciones son más propensas a desarrollar este tipo de ACV. Se pueden dividir a los grupos de riesgo en tres:

  1. Con aterosclerosis. Hay más probabilidad de trombosis cerebral si además hay hipertensión, diabetes mellitus, dislipemia o el hábito de fumar.
  2. Con arteritis. Comprende la poliarteritis nudosa, la arteritis temporal, la arteritis reumática, el lupus eritematoso diseminado y la arteritis infecciosa.
  3. Otras causas. Incluyen la displasia fibromuscular, la disección carotídea, la enfermedad de moyamoya y los tumores.
Las personas con elevado consumo de alcohol, así como quienes fuman con frecuencia, son más propensos a desarrollar una trombosis cerebral.
Placa de ateroma favorece la trombosis cerebral.
Las placas de ateroma son el terreno propicio para que se forme un trombo o un émbolo que luego viaje hasta el cerebro.

Síntomas y diagnóstico

El cuadro clínico de la trombosis arterial cerebral se suele instalar de forma gradual, pero con avances súbitos. Lo más común es que se haga notorio en pocas horas y, solo algunas veces, en días.

Los principales síntomas de esta enfermedad son los siguientes:

  • Boca torcida.
  • Convulsiones.
  • Dificultad para tragar.
  • Alteraciones en la vista.
  • Dolor de cabeza intenso.
  • Pérdida del conocimiento.
  • Anomalías en la memoria.
  • Mareos y pérdida del equilibrio.
  • Pérdida de control sobre los movimientos.
  • Dificultad para hablar y para comprender.
  • Parálisis u hormigueo en un lado del cuerpo.
  • Alteraciones en el control del intestino o la vejiga.

Lo usual es que el diagnóstico se haga a través de una resonancia magnética o una tomografía computarizada. La primera es una prueba más específica. Es habitual que se hagan exámenes extra, como radiografía de tórax, hemograma, ionograma, gasometría y glucemia.

En algunos casos, es posible que se requiera de otras pruebas puntuales, como las siguientes:


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Tratamiento

Si el tratamiento se inicia en las 4 horas siguientes al evento de trombosis arterial cerebral, lo que se hace es llevar a cabo una terapia trombolítica. En esta se aplica un procedimiento llamado trombólisis, que consiste en diluir el trombo a través de fármacos con el objetivo de restaurar el flujo sanguíneo.

Los fármacos se administran por vía intravenosa para que lleguen a todo el cuerpo, o bien a través de una sonda o catéter que arribe hasta las arterias cerebrales. En este último caso, el catéter es posicionado con la ayuda de una guía de imágenes.

Si el tratamiento se inicia después de 4 horas y media del evento, lo que se debe hacer es determinar la causa de la trombosis y ofrecer prevención secundaria. Esto es, administrar fármacos para evitar que se formen nuevos trombos o se produzca una hemorragia posterior.

El paciente ha de permanecer internado en el hospital durante un lapso de 4 a 7 días. Esta se considera la etapa de mayor riesgo para que se presente un nuevo evento. De ahí en más, el tratamiento se orienta a la rehabilitación del paciente.

Posibles secuelas de la trombosis arterial cerebral

No es fácil hacer un pronóstico durante las 72 horas posteriores al evento de trombosis cerebral. El problema puede detenerse o extenderse hasta causar la muerte. También es posible que genere algún daño neurológico que podría ser reversible o irreversible.

Las posibilidades de recuperación del paciente dependen de varios factores, como el estado general de salud previo, la gravedad de la trombosis, la estructura neuronal afectada y la rapidez de la atención recibida.

Dependiendo de todos esos factores, la recuperación puede ir desde lo total hasta lo nulo. Es posible que haya secuelas, como problemas en el habla, alteraciones psicomotrices, dificultades sensoriales o síndrome convulsivo.

Rehabilitación de un ACV.
La rehabilitación tras una trombosis cerebral es lenta. Puede demandar años de acompañamiento especializado.

¿Se puede prevenir?

La mejor manera de prevenir una trombosis arterial cerebral es manteniendo un estilo de vida saludable. Esto supone una dieta balanceada, además de actividad física regular y disminución del estrés.

Si hay una enfermedad de base, esta debe mantenerse bajo control.

Aunque aplica más para las trombosis venosas, resulta conveniente seguir el consejo de evitar permanecer sentado por largos periodos de tiempo. Durante los viajes, lo indicado es moverse de vez en cuando y beber muchos líquidos. El movimiento también es importante después de una cirugía por la causa que fuese.

De más está decir que hay que evitar el consumo de alcohol y de tabaco. Ambos son factores de riesgo para la trombosis arterial cerebral. También resulta aconsejable disminuir el consumo de sal.

La trombosis arterial cerebral es un problema grave

La atención rápida es determinante en el caso de una trombosis cerebral. Los fármacos son mucho más eficaces cuando se administran en los primeros 60 minutos después del evento.

Las personas que han sufrido la enfermedad suelen presentar cambios en su conducta tras salir del episodio. Es esperable que se muestren deprimidos y malhumorados. El acompañamiento de los seres cercanos es clave para la recuperación.

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