Baltasar Gracián: "Es pasión de necios la prisa"

¿Vives con la sensación de que el reloj siempre te pisa los talones? Corres para llegar a una cita y pasas de una tarea a otra sin apenas respirar. Aunque esta urgencia constante parece una respuesta lógica en la actualidad, el sacerdote y escritor Baltasar Gracián lo veía de otra manera. Para él, la prisa es una pasión, un descontrol emocional que te quita el mando sobre tus propios actos.
Cuando la prisa domina tu mente, tu capacidad para observar los matices desaparece. El problema es que has incorporado la urgencia como un estado permanente. Y, en consecuencia, esta forma de vivir te empuja a tropezar con la realidad una y otra vez.
La urgencia incorporada: cuando tu mente pierde el mando
Más allá de la cantidad de cosas que tienes que hacer, el malestar que sientes al no tener tiempo nace de la velocidad que te impones para terminar las tareas. De seguro has adoptado la rapidez como un estándar de éxito, transformando tu rutina en un atropello y priorizando el cierre de las tareas sobre la calidad de la ejecución.
Si vives acelerado, no caminas hacia tus metas; te lanzas contra ellas de forma desordenada. Así, no escuchas a tu sentido común y repites errores que podrías evitar con solo diez segundos de calma. La filosofía de Gracián se nota en los detalles más pequeños del día a día:
- Comidas sin atención: consumes alimentos con prisa, lo que anula el placer y dificulta tu digestión.
- Conversaciones interrumpidas: tu ansiedad por responder antes de que el otro termine impide que escuches de verdad.
- Compras precipitadas: eliges un producto por impulso o por terminar rápido la tarea, comprando algo que no necesitas o que no te gusta.
- Comunicación reactiva: respondes un correo o un chat de forma cortante o con errores porque no te permites el tiempo para leerlo con atención.
- Torpezas domésticas: las llaves olvidadas o los pequeños tropezones suelen ser el resultado de una mente que ya está pensando en el siguiente compromiso.
Ser diligente no es lo mismo que correr
Existe una diferencia entre ser eficaz y estar apurado. La persona diligente llega a tiempo porque ha calculado su paso, mientras que la persona apresurada llega tarde o agotada porque ha corrido sin orden.
Gracián propone que la excelencia en cualquier actividad requiere un ritmo pausado pero constante. Estar presente en cada momento permite que la intuición trabaje a favor. Cuando se hacen las cosas con atención, el resultado es sólido; cuando se hacen con prisa, el resultado es siempre frágil.
Busca un punto de equilibrio
Bajar un poco la velocidad de tus reacciones es un acto de respeto. No se trata de ignorar tus responsabilidades o de volverte una persona lenta por falta de interés. Significa decidir que ninguna tarea merece el sacrificio de tu claridad mental. Hacer una pausa de unos segundos antes de actuar ayuda a que el ruido exterior disminuya, devolviéndote la capacidad de elegir tus respuestas en lugar de simplemente reaccionar a los estímulos.
Además, elegir la prudencia frente al atropello evita que los problemas pequeños se conviertan en torpezas encadenadas por la falta de presencia. Por lo tanto, la calma no es inactividad; es la base sobre el cual se construye un criterio sólido con decisiones más conscientes.
Comienza con algo simple. Cuando recibas una notificación en el móvil, no la abras de inmediato. Detente, respira una vez y termina lo que estabas haciendo. Ese pequeño intervalo de unos segundos te devuelve la sensación de control sobre tu propio tiempo.
Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.







