Byung-Chul Han, sobre la actualidad: "Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose"

Para nadie es un secreto que vivimos en una sociedad donde la productividad está muy valorada. Y es que rendir en extremo y cumplir con múltiples obligaciones suele verse como algo bastante bueno. Pero no todo lo que brilla es oro y el filósofo surcoreano Byung-Chul Han plantea una idea muy interesante sobre esa productividad sin límites: “Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose”.
Con esta frase nos invita a reflexionar sobre la autoexplotación, el exceso de productividad y la confusión entre rendimiento y realización personal. Y es que la idea de Han nos señala que ya no hace falta que alguien nos obligue desde afuera a producir, porque nosotros mismos nos empujamos a rendir más, creyendo que eso nos conlleva la felicidad.
La “sociedad del rendimiento”, la realización y el éxito
De acuerdo con Han, la actual es una sociedad de rendimiento. A diferencia de épocas pasadas en donde nos movíamos por el deber, hoy el motor de esa acción es el poder. Siempre bajo el lema invisible de que podemos hacer más. En esta sociedad, nos volvemos “sujetos de rendimiento”, convirtiéndonos en nuestros propios jefes, vigilantes y también en nuestras propias víctimas.
Siempre buscamos la excelencia, rindiendo más y optimizando cada minuto de nuestro tiempo, sin parar. Haciendo más horas de trabajo, aceptando una mayor cantidad de compromisos, poniéndonos metas cada vez más ambiciosas, entre otros. Pensando que con ello nos sentiremos realizados y exitosos. Pero esto se vuelve un arma de doble filo, ya que puede tener un impacto en nuestra salud mental y bienestar.
Lo que conlleva la autoexigencia
En este contexto, el “sujeto de rendimiento” está obligado no solo a competir contra los otros, sino también contra sí mismo. Por ello, busca la optimización, convirtiendo la productividad en el núcleo de la vida, como vía para alcanzar la realización. Más Han critica esta idea, ya que la autoexplotación voluntaria tiene un coste físico y mental devastador.
Ella genera agotamiento y cansancio crónico, también conocido como burnout. De igual manera, puede producirnos sentimientos de culpa y ansiedad. Cuando la productividad se vuelve el núcleo de nuestra identidad y no alcanzamos una de las metas que nos hemos autoimpuesto, tendemos a sentirnos culpables e insuficientes, afectando de forma negativa nuestra salud mental.
En búsqueda del equilibrio
Aunque la sociedad actual premia el exceso y no el equilibrio, la clave para proteger nuestro bienestar está justo en ello: equilibrar. No todo es exigencia; también se trata de recuperar el tiempo que Han llama “no utilitario”. Ese que no tiene un fin práctico o económico, solo es “libre”.
Podrías reservar al menos 30 minutos al día para ti y dedícalos a algo que te guste o divierta. Tal vez jugar un juego, contemplar un paisaje con calma o incluso solo darte unos minutos de silencio. De igual manera, el descanso es primordial. No solo debes hacerlo con la idea de ser “más productivo” al día siguiente. Sino por tu bienestar y por relajarte, desvinculándolo de la productividad.
Trabajar sin parar no siempre nos realiza. A veces solo nos agota mientras creemos estar avanzando. La clave está en equilibrar el trabajo y las responsabilidades con el descanso y la diversión para, a la larga, sentirnos mejor con nosotros mismos.
Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.







