Logo image

Unamuno sobre el engaño: "A veces, el silencio es la peor mentira"

3 minutos
Mentir y engañar por omisión no son exactamente lo mismo, pero el resultado puede ser similar cuando el silencio deja que alguien tome decisiones con información incompleta.
Unamuno sobre el engaño: "A veces, el silencio es la peor mentira"
Escrito por Estefanía Filardi
Publicado: 14 septiembre, 2026 22:00

Hay silencios que protegen y silencios que engañan. La diferencia no siempre es evidente desde fuera, pero quien calla sabe, casi siempre, a cuál de los dos pertenece el suyo. La frase atribuida a Miguel de Unamuno no propone que hablar siempre sea mejor que callar. Se refiere a algo más específico: hay momentos en que el silencio produce exactamente el mismo efecto que una mentira deliberada.

Mentira y engaño por omisión no son lo mismo, pero se parecen

En sentido estricto, mentir implica hacer una afirmación falsa a sabiendas. El engaño por omisión es diferente: no se dice nada que sea falso, pero se deja que otra persona construya una imagen equivocada sin corrección. La filosofía moral distingue entre los dos, aunque no siempre los trate con la misma severidad.

Lo relevante en la idea de Unamuno es que el resultado puede ser idéntico. Si alguien toma una decisión importante basándose en información incompleta porque quien podía completarla eligió guardar silencio, el daño producido no difiere mucho del que habría causado una mentira directa.

Cuándo el silencio contribuye al engaño

No todo silencio es engañoso. Callar puede significar escuchar con atención, tomarse tiempo para pensar, respetar una confidencia o proteger una intimidad legítima que no le corresponde a uno revelar. Estas son formas de silencio que no causan daño porque no están creando una impresión falsa en nadie.

El silencio se vuelve problemático cuando se dan tres condiciones juntas:

  • Se conoce un dato relevante para la otra persona.
  • Se comprende que esa persona está formando una impresión equivocada.
  • Se decide no corregirla porque esa confusión beneficia al que calla.

La tercera condición es la que marca la diferencia. Callar para no perjudicarse a uno mismo mientras otro toma decisiones basadas en información incompleta es exactamente lo que Unamuno describía.

Tres preguntas para situarse

Cuando no está claro si un silencio es legítimo o no, estas preguntas pueden ayudar a identificarlo:

  • ¿Estoy protegiendo algo privado que me pertenece, o estoy dejando que alguien crea algo que sé que es incompleto?
  • Si esta persona supiera lo que no le estoy diciendo, ¿cambiaría una decisión importante?
  • ¿Estoy callando porque necesito tiempo, o porque quiero evitar las consecuencias de hablar?

Las respuestas a esas preguntas suelen ser bastante claras desde dentro. El problema es que la incomodidad de hablar puede llevar a racionalizar el silencio como prudencia, respeto o protección, cuando en realidad es evasión.

Las palabras también pueden esconder

El propio Unamuno era consciente de que la honestidad no se reduce a hablar más. Las palabras pueden usarse para llenar el espacio sin decir nada real, para desviar la atención, para dar una impresión de transparencia que en el fondo oculta lo esencial. La cantidad de palabras no garantiza la honestidad.

Por eso la pregunta que deja la frase de Unamuno va más allá de “¿dije algo falso?”. La pregunta más exigente es: ¿dejé deliberadamente que alguien creyera algo que sabía que no era verdad?

Esa pregunta no obliga a contarlo todo ni elimina la posibilidad de un silencio legítimo. Lo que hace es quitarle al silencio la coartada automática de la inocencia, y poner en manos de quien calla la responsabilidad de distinguir entre los dos tipos.

Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.