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Voltaire: “Los ejemplos corrigen mucho mejor que las reprimendas”

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La frase de Voltaire recuerda que los demás observan lo que hacemos, no solo lo que decimos. La coherencia ayuda a establecer normas y fomentar la responsabilidad.
Voltaire: “Los ejemplos corrigen mucho mejor que las reprimendas”
Escrito por Estefanía Filardi
Publicado: 20 octubre, 2026 22:00

Pedimos a los demás que lleguen a tiempo, que nos escuchen o que cumplan lo prometido, y a menudo sentimos que no nos hacen caso. Antes de pensar que el problema está en ellos, conviene mirar qué hacemos nosotros cuando se trata de lo mismo.

Esa es la idea que recoge Voltaire en su cuento filosófico L’Histoire de Jenni ou le Sage et l’Athée (La historia de Jenni, o el sabio y el ateo). La frase alude a la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos, y cómo eso influye en la convivencia familiar y en el trabajo.

Voltaire plantea que una conducta ejemplar enseña más que una regañina. El ejemplo muestra cómo es la manera correcta de actuar, y eso es lo que los demás pueden imitar.

Cuando lo que decimos y lo que hacemos no coinciden

Hay situaciones que son fáciles de reconocer y que indican que existe una incoherencia entre las palabras y las acciones:

  • Exigir puntualidad cuando se llega tarde de forma habitual.
  • Pedir que los demás escuchen mientras se interrumpe sin parar.
  • Reclamar responsabilidad sin cumplir los compromisos propios.

En todos los casos la norma pierde credibilidad. Si en una familia se pide que se recoja la mesa y quien lo pide deja su plato en el fregadero, los niños no aprenden la norma, aprenden que vale solo para los demás. En un equipo ocurre igual: si el responsable pide los informes a tiempo y entrega los suyos tarde, el plazo deja de tomarse en serio.

Cómo las acciones repetidas dan credibilidad a una norma

Un gesto aislado cambia poco. Lo que convence es la repetición. Ver a alguien cumplir lo que dice, un día tras otro, hace que esa conducta parezca normal y que otros la adopten sin necesidad de insistir. Cuando una compañera cierra siempre las reuniones a la hora prevista, el resto empieza a preparar sus intervenciones para ajustarse al tiempo, aunque nadie lo haya pedido.

Sin embargo, dar el ejemplo no elimina la necesidad de hablar sobre una conducta problemática o los límites. Hay situaciones en las que callar sería dejar pasar algo que afecta a los demás, y ahí hace falta una conversación clara.

Lo que funciona es combinar esa comunicación con comportamientos coherentes. Decir lo que se espera y practicarlo.

Dar el ejemplo no exige perfección

Coherencia no significa no equivocarse nunca. Todos incumplimos alguna vez lo que pedimos, y reconocerlo también es dar ejemplo. Si llegas tarde y lo admites, sin excusas, muestras que la norma importa y que se puede corregir.

Tampoco conviene ignorar las circunstancias. Alguien que llega tarde puede tener un transporte complicado, un horario que no controla o una carga de trabajo que no deja margen. Antes de reprochar, vale la pena preguntar qué dificulta cumplir esa norma.

Una práctica sencilla para empezar

Para aplicar esta idea sin complicarte, sigue estos tres pasos:

  1. Elige una conducta que sueles reclamar a los demás, como la puntualidad, escuchar sin interrumpir o recoger lo que se usa.
  2. Define cómo se vería de forma observable. Por ejemplo: “llegar a la hora acordada” o “esperar a que la otra persona termine antes de hablar”.
  3. Comprueba si todos tienen condiciones para practicarla. Pregunta si hay algo que lo dificulte, como horarios, falta de tiempo o información, y ajusta lo que se pueda.

Durante unas semanas, practícala tú primero y observa qué cambia en el ambiente.

Las reprimendas informan de lo que no queremos, pero casi nunca generan el cambio que buscamos. Un ejemplo mantenido en el tiempo, acompañado de conversaciones claras y de atención a las circunstancias de cada uno, sí lo hace posible.

Volviendo al principio, la próxima vez que te irrite que alguien no cumpla algo que tú pides, pregúntate qué estás mostrando tú. Esa pregunta, repetida, suele mejorar la convivencia más que cualquier discurso, y reparte la responsabilidad entre todos.

Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.