Bolita en el ano: 11 posibles causas y tratamientos

Las hemorroides son la principal causa de aparición de una bolita alrededor del ano. Aunque se trata de una condición benigna, puede alterar la calidad de vida.
Bolita en el ano: 11 posibles causas y tratamientos
Leidy Mora Molina

Revisado y aprobado por la enfermera Leidy Mora Molina.

Última actualización: 07 mayo, 2024

La región anal es una de las zonas más delicadas y sensibles del cuerpo. Podemos detectar una bolita o bulto en el ano por diversas razones, desde hemorroides hasta abscesos infecciosos, pasando por verrugas y prolapsos.

Los bultos perianales se clasifican en benignos y malignos. La mayoría de las causas responden al primer grupo y, si bien requieren tratamiento, no ponen en riesgo la vida. El cáncer de ano, por su parte, amerita un abordaje más urgente.

La bolita en el ano suele cursar con síntomas de molestia e incomodidad. Es posible percibir un leve dolor al sentarse, sensación de defecación incompleta, picazón de la piel cercana al área y, a veces, sangrado.

Por vergüenza o miedo, muchas personas retrasan la consulta en vano. Para que tengas más información sobre lo que le pasa a tu cuerpo, mientras programas una cita médica, te presentamos las 11 causas más frecuentes del bulto perianal.

1. Hemorroides

Las hemorroides son la causa más frecuente de una bolita o bulto en el ano. Se trata de la dilatación o hinchazón de las venas ubicadas en el ano y en la parte inferior del recto.

Más del 90 % de los pacientes con el problema suelen referir la presencia de una tumoración o la palpación de una especie de nódulo anal. Este es el síntoma cardinal de las hemorroides, que tienden a presentarse en personas menores de 40 años.

Las venas hinchadas pueden clasificarse en internas o externas. Las hemorroides externas suelen palparse en la piel que rodea al ano y se acompañan de escozor, dolor y sangrado al evacuar.

Las internas rara vez se palpan por fuera del recto.

Los antecedentes familiares y el estreñimiento crónico son los principales factores de riesgo. También es problemático llevar una dieta alta en grasas y en carnes, con baja presencia de frutas y verduras. La carencia de fibra en las ingestas favorece la constipación.

El tratamiento dependerá de la gravedad. Los casos leves se abordan con una dieta rica en fibra para ablandar las heces, hielo local para aliviar la hinchazón y la recomendación de no pasar largos períodos sentado. Un médico podrá prescribir fármacos en cremas o vía oral para calmar el dolor.

A mediano plazo, existen abordajes médicos que se pueden emplear para soluciones más definitivas, como los siguientes:

La cirugía puede ser necesaria. Hay diversas técnicas, pero se reserva la intervención para casos severos y recurrentes.

2. Trombosis hemorroidal

La trombosis hemorroidal es una complicación poco frecuente de las hemorroides. S e caracteriza por la formación de un coágulo en una vena del ano . Puede desarrollarse tanto en las hemorroides internas como en las externas. 

En general, los síntomas son el bulto en el ano, los cambios de coloración en la piel de la zona, dolor intenso y sangrado rectal. Es frecuente que las sensaciones generen temor y lleven a una consulta de urgencia.

En el servicio médico de guardia, es posible que se opte por una intervención para quitar el coágulo. El procedimiento de la hemorroidectomía dentro de las primeras 48 a 72 horas es lo recomendado.

3. Absceso anorrectal

Los abscesos anorrectales son cavidades que contienen líquido purulento. La causa de base es la colonización bacteriana debajo de la piel, en general, con asiento en las glándulas de la zona.

Al obstruirse las glándulas anales se acumula pus y se producen los síntomas. Además del dolor y la supuración, habrá una bolita en el ano notable que puede causar bastantes molestias.

El dolor anal empeora con la defecación. También se nota irritación y enrojecimiento de la zona. En casos más severos podrá registrarse fiebre.

El tratamiento para el absceso es la incisión quirúrgica y el drenaje. Por supuesto que ello es realizado por un médico.

De acuerdo al tamaño del absceso se determinará el volumen de la cirugía. Algunos pacientes podrán ser intervenidos de manera ambulatoria, mientras que otros tendrá que ser internados y pasar a un quirófano para mayor seguridad.

4. Fisura anal

Una fisura anal es un desgarro de la piel y la mucosa que rodean al ano. Suele aparecer como resultado de la evacuación de heces duras, tras un período de estreñimiento crónico. Otras causas son los traumatismos y la práctica de sexo anal sin la lubricación adecuada.

Estas fisuras o grietas son visibles y, al intentar cicatrizar, suelen generar una pequeña bolita blanda cerca del ano. La protuberancia es dolorosa cuando todavía no se completó la cicatrización y se hace indolora con el paso del tiempo.

Durante el intervalo de dolor, la defecación puede ser muy molesta. Además, podría aparecer sangre roja rutilante en las heces y en el papel higiénico por el roce.

Las fisuras anales desaparecen después de un par de semanas si se aplica una dieta rica en fibra y se acompaña con baños de asiento.

Para el tratamiento médico de los casos más rebeldes, es posible recurrir al uso de cremas con nitroglicerina que aceleran la cicatrización. También el médico puede prescribir ungüentos con lidocaína para aliviar el dolor.

El abordaje quirúrgico es raro. Se reserva para fisuras crónicas, de meses de evolución, que nunca cierran.



5. Fístula perianal

Una fístula perianal es una conexión anormal que se forma entre la piel que rodea el ano y la superficie interna del recto. La misma suele originarse ante una lesión quirúrgica o un proceso infeccioso.

En esta afección es común la presencia de una protuberancia o bolita dura en el ano. A través de ella puede notarse un orificio que provocará la salida de material de supuración al exterior. Ello manchará la ropa interior.

Además, habrá dolor durante la defecación y picazón. Cuando hay una infección asociada, la persona puede presentar fiebre.

El tratamiento que se aconseja es la fistulotomía, más el empleo de tapones biológicos o pegamentos de fibrina que el cirujano coloca en la lesión. Los objetivos de la intervención son erradicar la infección de base y promover la cicatrización.



6. Verrugas anales

Las verrugas anales o condilomas acuminados son pequeños nódulos húmedos de color rosa claro o marrón que aparecen en el interior y alrededor del ano. Esta afección es resultado de la infección por el virus del papiloma humano (VPH), a través del contacto sexual sin protección.

Los serotipos del VPH 6 y 11 son los responsables de las verrugas anogenitales. Al principio, se manifiestan como pequeñas manchas puntiformes que, más tarde, adquieren volumen.

Si las lesiones fuesen causadas por los serotipos 16 y 18, entonces habrá riesgo de que evolucionen a cáncer. Ello no se puede detectar con la mera observación y por eso es clave la consulta con un médico para evaluar el cuadro y definir el seguimiento a futuro.

En casos avanzados, las verrugas pueden cubrir toda la región anal y extenderse hacia los genitales. Los síntomas que las acompañan son el escozor, el sangrado ante el roce, la sensación de ocupación rectal y la secreción de moco que mancha la ropa interior.

Las verrugas anales deberían ser tratadas de forma oportuna, ya que su evolución es impredecible si se originan en serotipos del VPH más peligrosos. El abordaje es a base de medicamentos tópicos con cidofovir y podofilina. A veces, se necesitará crioterapia o extirpación quirúrgica.

7. Molusco contagioso

Esta es una enfermedad que afecta a la piel y es causada por un agente de la familia de los poxvirus. Se caracteriza por la presencia de pequeñas bolitas o pápulas de color nacarado, redondeadas, firmes e indoloras. La transmisión ocurre por el contacto directo con personas afectadas y a través de objetos contaminados.

Es posible considerarla una enfermedad de transmisión sexual si la transmisión ocurrió en ese contexto. De todas maneras, también aparece por otras vías.

En personas con un sistema inmunitario fuerte, las lesiones desaparecen por sí solas luego de unos meses. Aun así, el médico puede prescribir cremas para aplicar en la zona y reducir la picazón y la inflamación. Algunas opciones son el ácido salicílico y el imiquimod.

La crioterapia es una alternativa entre los procedimientos disponibles. También es viable el curetaje, la cauterización química o el uso de láser.

8. Quiste pilonidal

Un quiste pilonidal es una pequeña bolita en la zona sacrococcígea que contiene vello y células dérmicas por la inclusión de un folículo piloso dentro de la piel. No es raro que el quiste se infecte y se presente como un pequeño absceso con capacidad de supurar.

En casos leves, con buen pronóstico, el médico solo recomendará cuidados básicos en la casa. Hay que mantener la zona limpia y seca, y aplicar compresas para aliviar el dolor y ayudar al drenaje.

El profesional de la salud sugerirá drenar el quiste pilonidal si se nota que la bolita en el ano está infectada. Se hace una pequeña incisión en el consultorio, se colocan apósitos y se controla por unos días.

Con una infección confirmada, se recetarán antibióticos.

Casos severos o recurrentes pasarán a cirugía. Hay varias técnicas disponibles, como la extracción simple, la marsupialización o el uso de láser.

9. Pólipos anorrectales

Los pólipos anorrectales son formaciones que crecen en el interior del ano y el recto, como protuberancias de la mucosa. Se elevan desde el tejido normal y tienden a una forma pediculada, como un pequeño «dedo» de base delgada.

Desde el interior del recto pueden asomar hacia el orificio anal si son grandes. Ello se palpará como un bulto o una bolita en el ano.

En la mayoría de los casos, son lesiones benignas. Un grupo muy reducido de ellas puede resultar precanceroso.

Por lo general, suelen ser asintomáticos, en especial, en sus primeras fases. En los niños, son la segunda causa más frecuente de sangrado rectal.

La sangre en las heces por pólipos es intermitente. Se manifiesta cuando la materia fecal produce un roce considerable al salir y lastima a la lesión.

El tratamiento consiste en la extirpación quirúrgica. Suele practicarse una rectoscopia que sirve como diagnóstico y como terapia al mismo tiempo.

10. Prolapso rectal

En el prolapso rectal, una parte del recto protruye a través del orificio anal. La evidencia del mismo es un bulto en el ano que puede confundirse, en primera instancia, con las hemorroides.

Los síntomas más comunes son los siguientes:

  • Sensación de ocupación rectal.
  • Defecación involuntaria.
  • Sangrado rectal.

El mecanismo de aparición suele vincularse al debilitamiento de los tejidos que sostienen al recto en su lugar,. En las mujeres, el antecedente del parto vaginal es un factor de riesgo. También aumenta su incidencia con el envejecimiento.

El tratamiento es quirúrgico, con la rectopexia ventral como la principal técnica de elección. El cirujano fija el recto al sacro para que no protruya ni se invagine.



11. Cáncer anal

El cáncer anal es un tipo poco frecuente de carcinoma en la población general. Sin embargo, ciertos grupos poblacionales se encuentran en mayor riesgo de padecerlo, como los pacientes que viven con VIH o quienes tienen lesiones precancerosas por VPH.

Los síntomas no son evidentes en un primer momento. A medida que aumenta de tamaño el tumor, se manifiesta el sangrado rectal, la dificultad para evacuar, el dolor y el escozor anal.

Una bolita que sobresale por el orificio del ano podría indicar un tumor avanzado.

La mayoría de las personas consulta sin presentar todavía metástasis. Por ello, el tratamiento suele ser exitoso en gran número de pacientes.

La cirugía es la opción de abordaje más usada. De todas maneras, también se utiliza radioterapia de alta energía, antes o después de la intervención, como terapia neoadyuvante o adyuvante, respectivamente.

La quimioterapia también podrá ser administrada antes de la cirugía, para reducir el tamaño del tumor, o después, para destruir células cancerosas restantes. Como abordajes más novedosos, los protocolos contemplan el uso de terapia dirigida e inmunoterapia.

¿Qué puedo hacer si tengo una bolita en el ano?

Si detectas un tumor o bulto en el ano, es importante consultar a un médico. No te automediques ni intentes abrir, quitar o drenar la bolita por tu cuenta.

Mientras esperas por el turno, mantén la zona anal limpia y seca. Puedes usar agua tibia para lavar la región, acompañado la tarea con jabones neutros y sin colocar perfumes.

Las compresas tibias pueden ayudar a aliviar la incomodidad y la inflamación. También los baños de asiento si ya tienes antecedentes de hemorroides.

Evita el estreñimiento con una dieta blanda y rica en fibras. Bebe suficiente agua y realiza actividad física regular para promover el movimiento intestinal. A su vez, evita esforzarte demasiado al defecar, ya que esto puede aumentar la presión en la zona anal y empeorar los síntomas.

Considera los siguientes signos de alarma para adelantar la consulta o buscar atención urgente:

  • Dolor abdominal acompañante, agudo e incapacitante.
  • Sangrado rectal persistente y abundante.
  • Fiebre mayor de 40 grados centígrados.

Una lesión que no debe ser subestimada

Las personas con una bolita en el ano tienden a evitar acudir a un profesional de la salud por vergüenza o miedo. Sin embargo, los proctólogos son los mejores aliados para abordar este tipo de afecciones.

La mayoría de estas lesiones son benignas. Así que no hay motivo para temer. Con el tratamiento médico se reduce el riesgo de complicaciones y se mejora la calidad de vida.


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