Mario Alonso Puig, cirujano: “Mira al pasado para aprender, no para castigarte”

Recuerdas una conversación que salió mal o una decisión que no acertaste y, sin darte cuenta, llevas días repitiéndola en la cabeza. Con el futuro pasa algo parecido. Ante lo que no puedes controlar, la mente tiende a ensayar los peores escenarios.
La frase del cirujano Mario Alonso Puig apunta a una diferencia útil: recordar para aprender no es lo mismo que quedarse dando vueltas. Recordar un error para entender qué pasó y qué harías distinto es reflexión, y suele terminar en una conclusión o en una acción.
La rumiación repite el mismo pensamiento (“¿cómo pude hacerlo así?”) sin llegar a nada nuevo, y casi siempre trae autocrítica.
Aprender del pasado o quedarse atrapado en él
La frase no pide olvidar lo ocurrido ni quitarle importancia. Al contrario, invita a mirar el pasado, porque ahí hay información útil. Lo que descarta es el castigo, y la razón es práctica: castigarte no enseña nada.
Si cada vez que recuerdas un error te dices que eres torpe o que deberías haberlo sabido, sales del recuerdo con más malestar y ninguna idea nueva. El error sigue sin resolverse, pero ahora pesa más.
Aprender consiste en hacerte preguntas que tienen respuesta: qué pasó, qué no tuve en cuenta, qué haré distinto la próxima vez. Cuando las respondes, el recuerdo ha cumplido su función y puedes cerrarlo. El pasado no se puede cambiar, pero sí lo que te llevas de él.
Una señal práctica es fijarte si después de darle vueltas a un pensamiento no has sacado ninguna conclusión ni has decidido ningún paso, probablemente estás rumiando.
El futuro y la preocupación
Pensar en el futuro tiene sentido para prepararte, pero preocuparte sin parar es una forma de castigo anticipado: sufres hoy por algo que quizá no ocurra.
La preocupación suele presentarse como responsabilidad (“si lo pienso bien, estaré listo”), y se distingue de la planificación en que planificar acaba en algo que puedes hacer, mientras que preocuparse repite escenarios negativos sin ninguna acción posible.
Una pregunta ayuda a separarlos: ¿puedo hacer algo hoy al respecto? Si la respuesta es sí, hazlo, aunque sea un paso pequeño, como preparar las respuestas de una entrevista o llamar para pedir información. Si es no, lo que toca es aceptar que ahora no tienes control sobre eso y dejar de ensayarlo.
Cómo aplicar la frase en el día a día
- Reconoce lo ocurrido sin definirte por ello: “Me equivoqué en este informe”, en lugar de “soy un desastre”.
- Pregúntate qué puedes hacer de otra manera, con algo concreto, como revisar los datos antes de enviar el informe la próxima vez.
- Centra la atención en lo que tienes al alcance hoy: enviar la corrección, pedir ayuda o apuntar lo aprendido.
Puede ayudarte hablarte como lo harías con un amigo que ha cometido el mismo error.
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Mirar con curiosidad y no con castigo
La conversación que repetías en la cabeza se puede revisar una vez, con curiosidad: qué pasó, qué harías distinto y qué paso das hoy. Lo que venga después de esa conclusión ya no enseña nada. Con el futuro ocurre lo mismo: prepara lo que depende de ti y deja el resto.
Esta forma de mirar no elimina el malestar ni funciona igual para todo el mundo, pero cambia la relación que tienes con él. Si los pensamientos repetitivos o la preocupación son constantes y afectan al sueño, al trabajo o al día a día, conviene consultar con un profesional de la salud mental.
Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.







