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Mario Alonso Puig, cirujano: “Mira al pasado para aprender, no para castigarte”

3 minutos
Recordar un error puede ayudarte a mejorar, pero repetirlo mentalmente sin encontrar soluciones alimenta la autocrítica. Aprende a reconocer cuándo estás reflexionando y cuándo estás rumiando.
Mario Alonso Puig, cirujano: “Mira al pasado para aprender, no para castigarte”
Escrito por Estefanía Filardi
Publicado: 28 octubre, 2026 22:00

Recuerdas una conversación que salió mal o una decisión que no acertaste y, sin darte cuenta, llevas días repitiéndola en la cabeza. Con el futuro pasa algo parecido. Ante lo que no puedes controlar, la mente tiende a ensayar los peores escenarios.

La frase del cirujano Mario Alonso Puig apunta a una diferencia útil: recordar para aprender no es lo mismo que quedarse dando vueltas. Recordar un error para entender qué pasó y qué harías distinto es reflexión, y suele terminar en una conclusión o en una acción.

La rumiación repite el mismo pensamiento (“¿cómo pude hacerlo así?”) sin llegar a nada nuevo, y casi siempre trae autocrítica.

Aprender del pasado o quedarse atrapado en él

La frase no pide olvidar lo ocurrido ni quitarle importancia. Al contrario, invita a mirar el pasado, porque ahí hay información útil. Lo que descarta es el castigo, y la razón es práctica: castigarte no enseña nada.

Si cada vez que recuerdas un error te dices que eres torpe o que deberías haberlo sabido, sales del recuerdo con más malestar y ninguna idea nueva. El error sigue sin resolverse, pero ahora pesa más.

Aprender consiste en hacerte preguntas que tienen respuesta: qué pasó, qué no tuve en cuenta, qué haré distinto la próxima vez. Cuando las respondes, el recuerdo ha cumplido su función y puedes cerrarlo. El pasado no se puede cambiar, pero sí lo que te llevas de él.

Una señal práctica es fijarte si después de darle vueltas a un pensamiento no has sacado ninguna conclusión ni has decidido ningún paso, probablemente estás rumiando.

El futuro y la preocupación

Pensar en el futuro tiene sentido para prepararte, pero preocuparte sin parar es una forma de castigo anticipado: sufres hoy por algo que quizá no ocurra.

La preocupación suele presentarse como responsabilidad (“si lo pienso bien, estaré listo”), y se distingue de la planificación en que planificar acaba en algo que puedes hacer, mientras que preocuparse repite escenarios negativos sin ninguna acción posible.

Una pregunta ayuda a separarlos: ¿puedo hacer algo hoy al respecto? Si la respuesta es sí, hazlo, aunque sea un paso pequeño, como preparar las respuestas de una entrevista o llamar para pedir información. Si es no, lo que toca es aceptar que ahora no tienes control sobre eso y dejar de ensayarlo.

Cómo aplicar la frase en el día a día

  1. Reconoce lo ocurrido sin definirte por ello: “Me equivoqué en este informe”, en lugar de “soy un desastre”.
  2. Pregúntate qué puedes hacer de otra manera, con algo concreto, como revisar los datos antes de enviar el informe la próxima vez.
  3. Centra la atención en lo que tienes al alcance hoy: enviar la corrección, pedir ayuda o apuntar lo aprendido.

Puede ayudarte hablarte como lo harías con un amigo que ha cometido el mismo error.

Mirar con curiosidad y no con castigo

La conversación que repetías en la cabeza se puede revisar una vez, con curiosidad: qué pasó, qué harías distinto y qué paso das hoy. Lo que venga después de esa conclusión ya no enseña nada. Con el futuro ocurre lo mismo: prepara lo que depende de ti y deja el resto.

Esta forma de mirar no elimina el malestar ni funciona igual para todo el mundo, pero cambia la relación que tienes con él. Si los pensamientos repetitivos o la preocupación son constantes y afectan al sueño, al trabajo o al día a día, conviene consultar con un profesional de la salud mental.

Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.