"Doomscrolling": ¿qué es y cómo dejar de hacerlo?

Para evitar los efectos nocivos del doomscrolling se recomienda regular el tiempo que pasamos frente a las pantallas. ¿Crees que puedes hacerlo a partir de hoy?
"Doomscrolling": ¿qué es y cómo dejar de hacerlo?
Maria Fatima Seppi Vinuales

Escrito y verificado por la psicóloga Maria Fatima Seppi Vinuales el 10 julio, 2021.

Última actualización: 10 julio, 2021

El avance de los medios masivos de comunicación permitió la democratización de la información y que pudiéramos estar conectados en tiempo real. Esto nos lleva a realizar doomscrolling casi sin darnos cuenta. ¿Sabes lo que es?

Asistimos a un momento de infoxicación, un término que sintetiza el efecto nocivo que tiene el exceso de noticias, especialmente las de índole negativa. Si avanzamos un paso más, nos daremos cuenta que somos partícipes mediante el doomscrolling. Veamos de qué se trata.

Signos del doomscrolling

El doomscrolling se refiere a la tendencia de buscar o consumir noticias negativas. El término está formado por doom, cuya traducción podría ser ‘fatalidad, ruina, perdición’, y scrollling, que se refiere a la acción de deslizar la pantalla. Si bien el término se popularizó recientemente, es posible dar cuenta de que esta práctica existe desde hace muchísimo tiempo.

El problema es que cuando empezamos a enrollarnos con malas noticias, nuestra mente busca otras más, dando lugar a un circulo vicioso que genera angustia y malestar. Por ejemplo, una persona que se encuentra en la búsqueda de trabajo, si todo el tiempo ve noticias acerca de la tasa de paro y el crecimiento del desempleo, acabará agobiada.

Algunos de los signos más comunes son los siguientes:

  • Sensación de alerta y malestar.
  • Se pone en juego una visión de túnel, un tipo de sesgo cognitivo a través del que solo somos capaces de captar ciertos detalles que confirman lo que ya creemos.
  • Consumo casi compulsivo de malas noticias, buscando una sensación de falsa seguridad. Al conocerlo todo, creo que podré tomar recaudos.

Uno de los inconvenientes es que el doomscrolling tiene que ver con el refuerzo de noticias negativas que recibimos de manera constante a causa de los algoritmos. Es decir, los buscadores funcionan mediante resultados  y sugerencias de noticias en base a nuestras búsquedas previas.

De modo que aplica muy bien la frase una cosa lleva a la otra. Por eso, si no aprendemos a regular la dosis de noticias que chequeamos a diario, los algoritmos siempre estarán allí disponibles para ofrecernos esos datos.

Gente busca en internet haciendo doomscrolling.
Los algoritmos están diseñados para ofrecernos lo que más buscamos, asumiendo que eso es parte de nuestros intereses.


Posibles consecuencias y efectos

El doomscrolling tiene efectos en la salud mental. Entre ellos, es posible mencionar los siguientes:

  • Aumento del estrés: ante la sensación de que todo se viene abajo, que el mundo anda mal, que hay una pérdida del control.
  • Alteraciones del sueño: suele sobrevenir insomnio por quedarse toda la noche buscando malas noticias.
  • Aumento de la ansiedad: ante la incertidumbre y la preocupación que nos genera el futuro, en ocasiones, se desarrolla un pensamiento rumiativo que nos impide salir del círculo vicioso y poder dar cuenta de la improbabilidad de determinado episodio.
  • Cambios en los estados de ánimo: se puede pasar de la angustia  y la tristeza a la rabia y al agobio en pocos minutos. En algunos casos, hasta son evidentes síntomas propios de la depresión.

¿Cómo dejar de hacer doomscrolling?

A continuación se citan algunas estrategias que podemos tener en cuenta para mejorar nuestro consumo de noticias y medios de comunicación. No significa dejar de consumir completamente la información, pero sí aprender a regularla.

Limitar nuestro consumo 

Nadie duda de la necesidad de mantenerse informados, pero ¿cuántas horas pasamos en línea? Basta con que, al final del día nos fijemos el tiempo que usamos algunas aplicaciones del móvil.

De modo que lo mejor es establecer un horario en el que veremos el noticiero o leeremos los diarios. Puede ser al comienzo y al final de la jornada. Cada uno sabrá qué es lo que conviene, pero es necesario graduar su uso.

Por otro lado, también se pueden activar alarmas que nos señalen cuando ya pasamos más de determinado tiempo usando las aplicaciones.

Elegir adecuadamente los medios de comunicación

Los programas tienen una línea y un estilo que les son propios y a través de los que buscan captar a su audiencia. Hay algunos que son más amarillistas y grandilocuentes, mientras que otros se abocan más a lo informativo.

Para evitar el agobio, es mejor identificar cuáles pertenecen a uno u otro tipo. Intenta consumir aquellos que sean menos alarmistas.

Socializar nuestras preocupaciones

Frente a un episodio que nos angustia, es muy importante aprender a gestionar las emociones. Esto implica identificar cómo nos sentimos, validarlo en lugar de evitarlo y expresarlo.

Para eso, en ocasiones es conveniente conversar con nuestras amistades, compañeros de trabajo o familiares. Al dialogar nos podemos dar cuenta de que las cosas son menos graves de lo que parecen. Incluso contrastaremos la información para evidenciar que hay muchas cosas que son magnificadas.

Ejercitar la atención plena o mindfulness

El mindfulness se relaciona con prestar atención aquí y ahora, al momento presente, permitiéndonos identificar, sentir y conectarnos con cada una de nuestras emociones. De este modo, si bien alojamos el malestar propio de una noticia negativa, también podemos identificar su origen y reconocerlo como algo del presente, procurando limitar el caudal de pensamientos ansiosos.

Dedicar tiempo a actividades placenteras

Darle un recreo de las pantallas resulta necesario. Es importante planificar algunos momentos para el descaso o realizar actividades que nos resulten agradables, como salir a caminar o leer un libro.

Caminar en familia.
Dejar las pantallas y preferir el aire libre o los momentos compartidos con otros será una forma de reducir la búsqueda de noticias alarmistas.

Ser parte del cambio

Un ejercicio de autoanálisis viene bien para conocer si somos quienes envían malas noticias siempre a los otros. Si no es así, ¿quiénes?

Identificar esto nos puede ayudar a establecer acuerdos con el objetivo de que los espacios compartidos no sean tóxicos. Por otro lado, también podemos ser parte de aquellas iniciativas que se activan en redes sociales y que buscan contagiar buenas noticias o estados emocionales positivos.



Somos propensos a las malas noticias

Tendemos a acordarnos más de las malas noticas que de las buenas. Esto tiene una explicación vinculada con la supervivencia: aquello que es negativo podría significar peligro, por lo que prestamos atención para prepararnos.

Sin embargo, como todos los excesos, recargarlo de pesimismo no tiene ningún efecto positivo. Teniendo en cuenta el impacto que tienen las malas noticias en la salud, se vuelve prioritario regular su presencia en nuestras vidas.

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