El microondas y otros 6 objetos cotidianos que nacieron de un error inesperado

Muchos tienen la idea de que crear un nuevo objeto viene de un camino lineal de planificación. Pero la realidad no siempre es así. Y es que algunos de los productos que hoy consideramos indispensables en nuestro hogar no nacieron de un proceso perfecto, sino de experimentos fallidos.
Más allá del resultado imprevisto debido a la causalidad, los inventores de estos productos tienen un gran mérito. Reconocer la utilidad de los fallos y convertirlos en un objeto cotidiano les exigió un proceso de observación, pruebas y desarrollo posterior.
1. Las notas Post-it
Es probable que tengas uno de estos tacos de notas en casa, mas su origen es un poco distinto al que te imaginas. En 1968, Spencer Silver, un químico de la empresa 3M, buscaba crear un adhesivo muy fuerte para la industria aeroespacial. Pero solo obtuvo uno que se adhería con suavidad a las superficies y podía reutilizarse varias veces.
Por años, lo consideraron como un producto fallido. Hasta que Art Fry, otro empleado de 3M, aplicó este adhesivo a sus separadores de papel para partituras de coro. El pegamento resultó idóneo para marcar páginas sin dañarlas, naciendo así las notas autoadhesivas.
2. Plástico burbuja
En 1957, Alfred Fielding y Marc Chavannes buscaban fabricar un papel tapiz texturizado que fuera fácil de lavar. Sellaron dos cortinas de ducha atrapando burbujas de aire en su interior, pero el mercado rechazó su idea. Tras este fallo, descubrieron su capacidad amortiguadora. Incluso IBM utilizó este material para proteger sus ordenadores durante el transporte, consolidándose como estándar de embalaje a nivel internacional.
3. Play-Doh
La masa Play-Doh con la que juegan los niños fue en sus orígenes un producto de limpieza. La empresa Kutol Products, en la primera mitad del siglo XX, la comercializaba para limpiar el hollín del carbón de las paredes. Pero cuando los sistemas de calefacción cambiaron al gas y al petróleo, perdió esta utilidad.
La cuñada del dueño de la empresa, Kay Zufall, observó que los niños modelaban figuras con los restos de esta masa. De manera que Kutol Products decidió eliminar los agentes limpiadores, añadir colores, fragancias y relanzar el producto como un material educativo.
4. Horno microondas
Durante la Segunda Guerra Mundial, el físico Percy Spencer probaba magnetrones para sistemas de radar en la empresa Raytheon. Él notó que una chocolatina que llevaba en el bolsillo se había derretido mientras permanecía junto a un equipo activo. Sintió curiosidad por este hecho y descubrió que la radiación de alta frecuencia podía calentar las moléculas de agua de los alimentos. Tras años de desarrollo e ingeniería, terminó creando el horno microondas que conocemos hoy.
5. El Slinky
¿Recuerdas el juguete de muelles que “caminaba” solo por las escaleras? Comenzó en el laboratorio del ingeniero naval Richard James, quien buscaba desarrollar un sistema de muelles para estabilizar instrumentos delicados en barcos de guerra. Uno de los muelles bajó de la estantería, de forma rítmica, hasta el suelo. La esposa de James lo vio, bautizó el resorte como Slinky y lo convirtió en un juguete de éxito.
6. Super Glue
El Super Glue nació de la mano del químico Harry Coover, que buscaba un material plástico transparente para fabricar miras de precisión para fusiles durante la Segunda Guerra Mundial. En sus pruebas creó el cianoacrilato, pero lo descartó porque se adhería prácticamente a todo. Años después, al diseñar cúpulas para aviones, Coover identificó la adherencia rápida del cianocrilato como una virtud comercial, dando origen al adhesivo instantáneo que todos conocemos.
7. PTFE (Teflón)
Surgió cuando Roy Plunkett investigaba nuevos gases refrigerantes para la empresa DuPont, en 1938. Un día, al abrir un cilindro que debía estar lleno de gas, no salió nada. Utilizó una sierra y cortó el cilindro a la mitad, encontrando un polvo blanco en el interior. Al analizarlo, descubrió que el nuevo sólido era resbaladizo, resistente al calor y a los químicos. En el futuro pasó a comercializarse como antiadherente para sartenes.
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La lección que dejan estos objetos cotidianos es que la utilidad de las cosas depende a menudo de nuestra capacidad para mirar más allá del manual de instrucciones. Cuando un plan falla, el resultado puede ser el inicio de una nueva posibilidad, si tienes la paciencia de analizar qué ha ocurrido en realidad
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