Zapatillas de casa a la vista y otros consejos para bajar el ritmo al llegar

¿Te ha pasado que llegas a casa, después de un duro día en el trabajo —y una vuelta cansada—, y te sientes todavía en tensión? Ten en cuenta que el ritmo que traes de la calle no va a bajar de un plumazo solo por abrir la cerradura de casa.
El cerebro entiende mejor que ya puede soltar el estado de alerta cuando encuentra señales claras y repetidas en el entorno. De manera que puedes ayudarlo haciendo ciertos gestos sencillos al llegar a casa que contribuyan a reducir la fricción, para que el descanso empiece antes.
Cambia tu calzado de calle por el de casa
Una de las acciones más sencillas para bajar el ritmo al llegar al hogar es dejar en el recibidor tus zapatillas de estar en casa, para que sean lo primero que veas al entrar. Quitarte los zapatos de calle es un acto simbólico de despojo. El calzado exterior está diseñado para la protección, la dureza y la actividad.
Al quitártelo y sentir el contacto con un material blando o el suelo, envías una señal al sistema nervioso de que la jornada ha terminado. De igual manera, también es conveniente que cambies tu ropa de calle por prendas para estar en casa. Esto funciona como una transición y contribuye a alcanzar la relajación.
Deja el bolso y las llaves en un lugar fijo
Por lo general, al llegar a casa, soltamos el bolso y las llaves en cualquier sitio. Bien sea la encimera de la cocina, en el recibidor o hasta en la sala. Pero esto genera estrés diferido, ya que cuando vuelvas a salir, te obligas a buscarlos de forma frenética. Por ello, lo mejor es destinar un sitio fijo para ellos, por ejemplo, una bandeja en el recibidor. Así lo dejarás organizado y te quitas un pendiente de la mente.
Lávate la cara y las manos
Una vez que te quites la ropa de calle, es conveniente que laves tu rostro y las manos. El estímulo sensorial del agua ayuda a bajar las pulsaciones. Además limpia, de forma metafórica y literal, el rastro de la calle, indicándole a tu mente que puede bajar el ritmo porque está en un lugar seguro.
Bebe agua
También es importante que, al llegar a casa, bebas un vaso de agua, con mucha calma. Aparte de hidratarte y combatir la sed que puede haberte causado el viaje de regreso, esta acción ayuda a combatir de forma leve la sensación de fatiga y mal humor causada por la deshidratación.
Ajusta el entorno
Cuando entras a casa, ella conserva la misma configuración que dejaste en la mañana. Por eso, es conveniente hacerle pequeños ajustes para promover la relajación. Comienza por ventilar unos minutos para que el aire se renueve y la sensación de bochorno disminuya. También utiliza una iluminación con luz cálida, que ayude a transicionar y contribuya a la producción de melatonina, la hormona del sueño.
En cuanto al sonido, evita la música estridente y ve por una melodía instrumental o canciones suaves. La idea es que permitas que el sistema auditivo descanse de la contaminación acústica del exterior.
Como habrás notado, bajar el ritmo no requiere de una rutina de meditación exhaustiva ni de una ceremonia compleja. A veces el cuerpo solo necesita de una señal sencilla para entender que ya llegó a un lugar donde puede soltar, descansar y recargar baterías.
Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.







