"Se enamoró de sus flores y no de sus raíces": una reflexión sobre el amor verdadero

¿Alguna vez has sentido que alguien te quería mucho cuando todo iba bien, pero empezó a alejarse cuando mostraste tus inseguridades? Quizá le encantaba tu forma de hacerle reír o la energía con la que afrontabas la vida. Sin embargo, cuando aparecieron tus miedos y tus días malos, la relación empezó a cambiar.
Hay una frase que expresa esta experiencia con una imagen muy sencilla: «Se enamoró de sus flores y no de sus raíces, y en otoño no supo qué hacer». Habla de esas personas que se sienten atraídas por lo bonito que ven en alguien, pero que no siempre saben cómo acompañarlo cuando llegan las etapas difíciles.
Enamorarse de las flores es fácil
Hay una gran diferencia entre amor y enamoramiento. Al principio de una relación, casi todo parece especial. Las conversaciones se alargan y cualquier plan juntos se convierte en un buen recuerdo. Descubres cosas que te encantan de la otra persona y empiezas a imaginar todo lo que podrían vivir juntos.
En esa etapa es fácil enamorarse de las flores: de su sentido del humor, su apariencia, su ternura o la manera en que te hace sentir. No hay nada malo en disfrutar de todo eso. La atracción y la ilusión también forman parte del amor.
El problema aparece cuando solo conoces esa versión de alguien. Porque una persona es mucho más que sus cualidades más bonitas. También tiene heridas, inseguridades, miedos, frustraciones, defectos y contradicciones que pueden resultar difíciles de entender.
Las raíces también forman parte de quien eres
Las raíces representan todo aquello que no siempre se ve a simple vista. Son las experiencias que te marcaron, los valores que orientan tus decisiones, los miedos que todavía estás aprendiendo a manejar y las partes de ti que no muestras en las primeras citas.
Conocer esas raíces requiere tiempo y conversaciones sinceras. Significa escuchar sin juzgar de inmediato y entender que la otra persona puede reaccionar de una manera distinta a la tuya ante una misma situación.
También implica dejarse conocer. A veces queremos que nos amen de verdad, pero nos cuesta mostrar aquello que nos avergüenza o que tememos que el otro no acepte. Ser vulnerable da miedo, especialmente cuando hemos aprendido a protegernos de las decepciones.
¿Qué pasa cuando llega el otoño a una relación?
El otoño de la metáfora representa esos momentos en los que la relación deja de sentirse como una novedad constante. Aparecen las preocupaciones económicas, el estrés del trabajo, las diferencias de opinión, las responsabilidades y los días en los que ninguno de los dos tiene demasiada energía para dar.
Quizá antes recibías mensajes cariñosos durante todo el día y ahora ambos están ocupados. Tal vez descubres que tu pareja necesita más espacio del que imaginabas o que ya no tienen tanto sexo como antes. También puede ocurrir que tú te sientas triste y no tengas las mismas ganas de conversar o hacer planes.
Es ahí cuando la relación empieza a mostrar de qué está hecha. Habrá temporadas de mucha cercanía y otras en las que será necesario hacer un esfuerzo consciente para reencontrarse. Lo importante es que ambos puedan hablar de esos cambios sin convertir cada dificultad en una amenaza para el vínculo.
El amor verdadero también se demuestra en otoño
La frase de las flores y las raíces nos invita a pensar en cómo amamos. ¿Queremos a esa persona por quien es o por cómo nos hace sentir? ¿La tratamos con el mismo cariño cuando tiene un mal día o necesita más apoyo?
Amar también significa entender que nadie es perfecto y que las relaciones cambian con el tiempo. Habrá días felices y otros más difíciles, y aprender a escucharse y respetarse hará la diferencia.
Las flores del enamoramiento pueden llamar nuestra atención, pero las raíces nos muestran quién es realmente una persona. Amar es conocer al otro más allá de su mejor versión y construir una relación en la que ambos puedan ser ellos mismos, incluso en los días difíciles.
Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.






