El experimento con la chimpancé Gua: cuando la curiosidad científica llega muy lejos

En los años 30, los científicos se preguntaban con frecuencia cuánto del comportamiento humano dependía del ambiente. Esta curiosidad llevó a ensayos que hoy resultan muy difíciles de aceptar éticamente.
Un buen ejemplo de esta situación fue el experimento que el psicólogo Winthrop N. Kellogg y su esposa Luella llevaron a cabo en 1931 y documentaron en el libro The Ape and the Child. Con él esperaban descubrir si un animal salvaje, criado exactamente igual que un ser humano, llega a adquirir rasgos y comportamientos propios de nuestra especie. Pero lo que obtuvieron no fue lo que pensaban.
El experimento de “hermanamiento”
Para realizar el experimento, el matrimonio Kellogg acogió en su hogar a Gua, una chimpancé de apenas siete meses. La premisa era simple: criar a la chimpancé junto a su hijo Donald de diez meses, y hacerlo bajo condiciones idénticas, como si fueran hermanos.
Este trato idéntico incluía que Gua y Donald se vistieran igual, tuvieran los mismos hábitos de sueño y alimentación, así como que recibieran las mismas muestras de afecto y pruebas de aprendizaje. Por ejemplo, enseñaron a Gua a usar cubiertos, zapatos o incluso sentarse en una silla a la hora de comer.
El giro inesperado en el desarrollo de Donald
En las primeras semanas y meses, los investigadores se sorprendieron con el progreso de Gua. Demostró un desarrollo motor y agilidad superior a las de Donald, así como también la capacidad de entender más de 50 palabras y frases humanas. Esto parecía validar la teoría del matrimonio Kellogg.
Pero las alarmas se dispararon cuando Donald, que debería estar diciendo sus primeras palabras humanas, empezó a imitar los sonidos de su hermana chimpancé. Emitiendo chillidos y ruidos guturales a la hora de comunicarse con sus padres o para pedir comida. De igual manera, comenzó a adoptar las posturas animales de Gua para caminar.
Con esta evidencia, los Kellogg se dieron cuenta de que, en lugar de “humanizar” a Gua, su hijo estaba adoptando un comportamiento inapropiado y que ponía en riesgo su desarrollo cognitivo.
La experimentación en la actualidad
Cabe destacar que, tras estos descubrimientos, el experimento de los Kellogg culminó después de nueve meses de convivencia. Las consecuencias para Gua fueron negativas. Después de vivir durante meses como una niña humana, la llevaron a una colonia de primates en Florida.
No fue capaz de adaptarse a este nuevo entorno y falleció de neumonía un año después de la separación. Por su parte, Donald logró recuperar con el tiempo su desarrollo lingüístico normal. Mas la sombra del polémico experimento siempre acompañó la historia de su familia.
Hoy en día, la experimentación científica está sujeta a una vigilancia ética rigurosa por parte de comités independientes. Se aplican principios como las “Tres Erres” (reemplazo, reducción y refinamiento), que exigen minimizar el daño a los animales y justificar de forma más rigurosa cada procedimiento. Esto hace que prevalezca la integridad de los participantes —humanos o animales— antes que la obtención de datos.
La historia de Gua recuerda que no toda pregunta científica justifica cualquier experimento. Y que el respeto por la naturaleza propia de cada especie debe ser el cimiento de los avances.
Créditos de la imagen de portada: Kellogg, W. N., & Kellogg, L. A. The Ape and the Child: A Study of Environmental Influence upon Early Behavior
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- Kellogg, W. N., & Kellogg, L. A. (1933). The ape and the child: A study of environmental influence upon early behavior. McGraw-Hill Book Company, Inc.
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